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¡A Puro Motor! Los autos que marcaron a nuestros padres

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En vísperas del día del padre, nos hemos puesto a recordar aquellos vehículos que, por una u otra razón, marcaron la vida de los papás de quienes integran el equipo de trabajo Puro Motor. Está primera entrega esta dedicada a nuestros camarógrafos, luego vendrán los periodistas y finamente nuestro editor. 

Ernesto Chacón 

En el primer automóvil de mi padre compartimos paseos, las primeras alegrías en familia, Puntarenas, Alajuela, San Carlos, unos de los tantos lugares que disfrutamos en el auto de los sueños de mi padre. Modelo 1977, un divertido sunroof, un limitado motor pero eficiente y cuatro velocidades manual, así era el Ford Pinto de mi papá.

También recuerda el día que lo compró, era el año 1991 y pagó ₡125.000, en ese momento, tuvo que aprender a conducir y fue ahí donde comenzó toda una aventura, emociones y alegrías.

Recuerdo esos viajes a Puntarenas donde nos turnábamos para sacar la cabeza por el techo, bueno, pasaron tantas cosas buenas a como sucedieron momentos duros. Fueron 3 años de buenos recuerdos, aunque mi papá no era de automóviles, era un carro que se disfrutó mucho y el cual dice siempre tener en su memoria.   

Alex Barquero

En mi casa siempre hemos sido amantes de los carros y especialmente de los rallies, desde que tengo memoria.

El carro al que mi padre le tuvo más aprecio fue un Datsun 1200, modelo 92. Lo compró chocado (muchos se reían) y terminó de repararlo a su gusto cuando yo tenía 3 años, en 1994. Fue el primer carro que tuvieron mis papás, creo que eso es lo que lo hace tan especial para él.

Sin embargo, el carro que más nos ha unido como padre e hijo es un Toyota Corolla 1998, que ha estado en la familia desde hace 21 años. Un carro que hemos sacado adelante juntos, un proyecto que ahora me pertenece, que espero terminar y no tener que vender nunca.

Christian Montero

El primer carro que mi papá tuvo en su vida fue un Ford Mustang Mach 1, realmente quería ese vehículo pero al ser él un adolescente se le complicaba mantenerlo, ya que era un deportivo que requería de mucha atención y sobre todo consumía mucho combustible como buen muscle car.

Sin embargo, el auto que adora mi padre es una Chevrolet Blazer K5 año 79, en ese todoterreno hemos pasado momentos muy especiales, ya que lo utiliza para hacer off-road, paseos familiares y ha rodado por algunos países de Centroamérica. Es un orgullo para él, tanto así, que ni por la mente pasa venderlo algún día. Dice mi “tata” que se acuerda como si fuera ayer cuando mis hermanos y yo nos peleábamos por quien viajaba en el asiento del copiloto.